martes, 5 de marzo de 2013

El castigo


Ahí tienes tu castigo:
me pusiste de cara a la pared
y mira, ahora soy yo
la que te da la espalda.



miércoles, 30 de enero de 2013

Bailar


En Línea Discontinua había un poema sobre rotondas, decía así:

Rotondas

Nos seguimos medimos cuidamos, dos carriles y luego
entramos uno detrás de otro, giramos y salimos, en la primera aún juntos
en la siguiente no
quizá,
como naipes lanzados repartidos volamos
y otra vez otra distancia mínima, con aquel, más prudente, más larga,
y otro círculo
que nunca se completa.


Hoy, salía del Polígono escuchando una de las muchas versiones de Libertango, y he entrado en una rotonda, y he bailado con el coche, ¡lo juro!, llevándolo del volante.
Un suave y seguro giro, espontáneo y preciso, y cómo lo he disfrutado. Cuando los pasos son tan tuyos que ya no te distraes midiéndolos, y se coordinan solos ojos, manos y pies, eso es bailar.
Y claro, me he acordado de aquellas rotondas que escribí, cuidadosas y atentas con las distancias...



sábado, 29 de diciembre de 2012

El contenido de un poema


Lo que fue contenido,
al fin dicho.

(Y, si bien dicho,
aún cuando sea triste,
dicha.)

domingo, 23 de diciembre de 2012

No hay que llorar, letra


Porque alguna que otra no ha podido oír el audio de la entrada anterior por razones diversas (estar en el curro, mirarlo desde el móvil -que no admite la aplicación-, el omnipresente ruido de la Navidad, etc.). Y porque, a veces, da más gusto leerlo sin voz, con los ojos, allá va, la letra:



De niña me decían
no hay que llorar,
y luego, ya crecida,
hay que llorar.
Y yo, que soy rebelde,
no he querido aprender
ni a llorar ni a dejar
de llorar.
Así que lloro a veces
a la hora de la siesta
o en los días de fiesta.
Y otras veces no lloro
ni muerta
aunque me pille el dedo con la puerta.
Mis lágrimas son mías
mías mías
y de nadie más
y las quiero bien vivas.

domingo, 16 de diciembre de 2012

El globo


Ojalá fuese como soltar un globo
y mirarlo elevarse,
tan ligero, bailando,
un redondel alegre sobre el azul eterno.
Mira qué hermosa estás.

Y tal vez sea así
ahora que pienso
en el llanto desconsolado,
ya va cogiendo altura,
un punto diminuto
-final-, y el mirarse la mano
y decirle torpe
y no tener qué hacer.

Gracias, Ainhoa

jueves, 8 de noviembre de 2012

Pequeña


Eran de la misma estatura,
sin embargo, él,
la llamaba pequeña.
Lo hacía con cariño, sí,
no cabe duda,
con la misma pasión
con que al besarla, tan dulce, dulcemente
elevaba el mentón.


Leí este poemita delante de unos niños de entre 6 y 12? años. Los más pequeños rieron cuando les expliqué que iba a hablar de una pareja de “novios”, y al leer “beso”, ni te cuento. Hablamos de lo que era levantar el mentón, de la actitud, y de lo que harían si estuvieran en el lugar de la “pequeña”. Supongo que esperábamos nuestra respuesta, a pesar de que en su origen, nunca pensé en este poema (ni en ninguno) como materia educativa. La respuesta espontánea de una niña fue: “me pondría tacones”.

Y entonces, aquella palabra se me quedó suspendida, como la inspiración de un poema: unas palabras con otra dimensión: la otra dimensión de los tacones.