domingo, 21 de abril de 2013
Facebook blues
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Entro a todas horas, y si no voy directa a tu perfil es por vergüenza, y porque sé que no tengo que hacerlo pero rastreo la página de inicio sólo por ver tus últimas noticias, y cada cosa que pongo tiene que ver contigo: canciones, fotos, frases, y, encima, disimulando. Me acuerdo de las últimas veces que quedamos: ni siquiera llamabas, entrábamos al chat, y de cuando venías a mi casa e ibas directa al ordenador a ver las últimas actualizaciones. Debería odiar esta página del infierno y de hecho la odio como la chica odia ir a la misma clase que el guaperas que la humilló. Pero cada vez es peor: más tiempo y menos sorpresas, porque aunque pongas fotos nuevas y te rías y hagas nuevos amigos, y yo también lo haga, qué demonios, ni hemos puesto distancia suficiente ni cruzamos al mundo donde pueden, con nostalgia, deseo, rencor, calma, decepción o tristeza, cruzarse dos personas.
miércoles, 10 de abril de 2013
Mi librera favorita
Pensaba hoy que,
para alguien que escribe, la vida tiene un raro interés literario, mayor,
a veces, que el interés por la vida misma, o, mejor, que la vida de
lo escrito es una doble vida en el buen sentido de la expresión.
Quizá sea porque
estoy leyendo un libro* en el que se van alternando las historias que
cuentan la abuela, la madre, y también sus dichos y refranes, una
especie de mil y una noches, con la propia historia de los
personajes, y todos los acontecimientos sociales, políticos, etc,
que suceden como fondo. Todo está fantásticamente entremezclado y,
sin sus cuentos y palabras, la vida de aquellos resultaría realmente
tan larga en minutos como la de cualquiera.
También pienso
que es una tontería todo esto y que hay un montón de aventuras en
la vida real. Pero, otra vuelta más y me pregunto: ¿amorosas?
¿profesionales? ¿familiares? ¿políticas?, ¿no obedecen al
carácter narrativo de cada cual? Uno cuenta de sus enfermedades,
otra de sus conquistas... ¿No son también vidas hechas relato?
Um. Supongo que
soy poeta. Supongo que nadie puede entender que yo sea tan feliz
escribiendo un beso como dándolo. Y, por supuesto, más feliz
contando algo que ni siquiera ocurrió, o que en la realidad duele.
Incluso a veces, espero que un suceso me ofrezca algún tipo de final para tener la
historia completa... Aunque siempre puedes imaginar, qué placer.
Sin embargo, hoy,
también hoy, le estaba contando a mi librera favorita mi última
obsesión, los capítulos de mi última obsesión, para ser exactos.
Sí, creo que hablo en capítulos. Y entonces, ella dice: ¿por qué
no escribes algo sobre eso? Mi librera favorita, lectora insaciable,
ella también tiene muchas vidas... Y me echo a reír. No soy la
única zumbada, ella quiere, más que mi confidencia, y aunque pierda
el parecido, ¡ese trozo de vida en un texto!
*La vida es un
caravasar, Emine Sevgi Özdamar
jueves, 14 de marzo de 2013
El viaje
El viaje empieza
aquí:
una niña-mujer se
abre al mundo
con el tacto
susurro de sus dedos
tocándose.
Siglos,
continentes enteros, negando
esta sencilla
historia de amor.
El no tiene forma
de agujero,
el cero,
la nada.
Lo visten de oro o
de indecencia,
lo disfrazan, lo
engalanan a veces
-el día más
importante de tu vida-,
lo repudian
-el día más
nefasto de tu vida-,
puro o completo
tu cero, tu sí,
tu no,
y mientras tanto
olvídalo,
tenlo siempre
presente,
entrégalo,
presérvalo, de todos modos
hazlo de los
otros.
Pero entonces
una niña-mujer se
ve desnuda,
deshace el camino,
siglos,
continentes enteros,
la sombra del
patrón,
su mamá y la mamá
de su mamá,
y emprende el
viaje.
Este es el último poema que leí en La Hormiga Atómica. Y el que se llevó el calor de los aplausos, calor para seguir el viaje, por las líneas, hoy, sobre todo, curvas.
Este es el último poema que leí en La Hormiga Atómica. Y el que se llevó el calor de los aplausos, calor para seguir el viaje, por las líneas, hoy, sobre todo, curvas.
martes, 12 de marzo de 2013
Sirena
Su amante le ha
llamado sirena.
Al principio no
lo advirtió,
ese nombre, como
un escalofrío
recorrriendo sus
piernas.
Sí, sirena, me
llamo sirena,
no estrecha, no
virgen, no niña,
sirena,
maldita como
otras que no fueron tampoco
lo que dicen que
son las mujeres.
Y se monta en las
olas
y da
unos primeros
pasos en la arena
blanda, mansa,
caliente,
el único camino
a tierra firme
que recorren sin
miedo las sirenas.
domingo, 10 de marzo de 2013
Él o ella
Despierta asombro,
entonces esos
rostros se vuelven,
se transforman,
se tropiezan.
Ha nacido una flor
en el asfalto helado
y no saben dónde
poner los pies,
qué pasos dar,
ellos, que llevan
media vida
en la pista de
baile,
los chicos y las
chicas.
Los chicos y las
chicas tienen derecho a divertirse
pero van a ser
buenos esta noche.
Para él o ella
eso,
y por esta noche,
significa
bastante.
Recitado esta tarde en La Hormiga, con mucho gusto
martes, 5 de marzo de 2013
El castigo
Ahí tienes tu
castigo:
me pusiste de cara
a la pared
y mira, ahora soy
yo
la que te da la
espalda.
miércoles, 30 de enero de 2013
Bailar
En Línea Discontinua había un poema
sobre rotondas, decía así:
Rotondas
Nos
seguimos medimos cuidamos, dos carriles y luego
entramos
uno detrás de otro, giramos y salimos, en la primera aún juntos
en la
siguiente no
quizá,
como
naipes lanzados repartidos volamos
y
otra vez otra distancia mínima, con aquel, más prudente, más
larga,
y otro
círculo
que
nunca se completa.
Hoy,
salía del Polígono escuchando una de las muchas versiones de
Libertango, y he entrado en una rotonda, y he bailado con el coche,
¡lo juro!, llevándolo del volante.
Un
suave y seguro giro, espontáneo y preciso, y cómo lo he disfrutado.
Cuando los pasos son tan tuyos que ya no te distraes midiéndolos, y
se coordinan solos ojos, manos y pies, eso es bailar.
Y
claro, me he acordado de aquellas rotondas que escribí, cuidadosas y
atentas con las distancias...
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