lunes, 16 de marzo de 2015

Piel roja


Las palabras son acciones. Lander lo tenía escrito en su habitación. Lumatza me enseñó a utilizar el femenino plural. A mí, que allá por la adolescencia no marcaba (ocultaba) el género de mis musas. Ha llovido mucho desde entonces. He enrojecido tantas veces que me he vuelto roja, una piel roja, por las lágrimas que dejan sal en las mejillas, y por la vergüenza de este mundo, pero ya no por las mías. Saco las plumas y aúllo, y no estoy sola.
Hoy han empezado las Jornadas Bizarras, organizadas por Lumatza. Y tengo al placer de participar dando un taller de literatura erótica (?). Lo he nombrado Kontalizunak, jugando con las palabras kontakizun, relato, y lizunak, lujuriosas, en plural. Y he añadido la leyenda taller de sexo escrito. Porque las palabras son acciones. Porque la vida es un taller, una novela, o un poema. Porque cada cual debe poder contarse como quiera. Y disfrutar haciéndolo. Estáis todxs invitadxs.




sábado, 21 de febrero de 2015

Fantasmas


Ni siquiera hace falta
que la toque.
Usa la piel de otros
-a veces muy pequeños-
y fabrica fantasmas.

Puede hacer que atraviesen las paredes,
se enreden en sus sueños,
la revienten.

Y entonces -le repite -,
te lo juro, mi vida,
no podré protegerte.





Violence, Renato Mazzacurati

(Algo tuvo que ver recién haber leído "Dimensiones", relato de Alice Munro)

martes, 3 de febrero de 2015

Reescribiendo Sirena

Vamos con Sirena, que era difícil y raro y ahora lo sigue siendo pero un poco menos. Cada vez más mío y más de todas, me gustaría, de tantas que somos menos o más o casi pero nunca mujeres. Estos versos son nuevos, y la palabra estirpe, al lado de maldita(s), que debo a la lectura del último libro de Itziar Ziga y que se plantó aquí, resolviendo el poema. Gracias.
Gracias a todas las que cuestionan el término mujer, sin las cuales personas como yo tendríamos aún más rara y difícil la vida en tierra.




Sirena

Alguien ha sido dulce
y le ha dicho sirena,
y ha sabido de pronto su nombre.
Era un escalofrío
subiendo por sus piernas.
Sí, sirena, me llamo sirena,
no estrecha, no virgen, no niña,
sirena.
Maldita como tantas
por ser menos, o más, o casi, pero nunca
mujeres.

Ahora, fiel a su estirpe,
se montará en las olas
y dará
unos primeros pasos en la arena
blanda, mansa, caliente,
el único camino a tierra firme
que recorren sin miedo las sirenas.



Esta es la entrada del poema original. La pongo, sobre todo, por el dibujo, como anillo al dedo, de Miriam Cameros.




miércoles, 28 de enero de 2015

La cuestión era "querer o no querer"

Hoy he corregido Latiguillos. Ha sido fácil, sobraban un par de frases que no aportaban nada, eran más de lo mismo. Quitar y listo. Sí, funciona mejor.
Ir al grano, ya está. Ya está dicho. Y encima en este poema. ¡Si estoy hablando de eso!
Pero hay algo más. Si me lo vuelves a decir, me lo voy a creer. ¿A quién no le ha pasado? Impuntual, desordenada, quejica, enamoradiza, incluso egocéntrica... jajaja, me río porque soy poeta y ya se sabe, nos lo dicen mucho.
Dime que me calle, dime que quieres contarme algo tú, plántame un beso para que cierre la boca, mejor que una etiqueta.
Que luego cuesta quitársela.



Latiguillos

Le dice:
eres,
eres esto o lo otro,
es que eres...

Y ella piensa:
es que soy...
en lugar de decir:
no me digas quién soy
dime qué quieres.


Ella, que tampoco se atreve.




domingo, 12 de octubre de 2014

Reescribiendo la trapecista


Como ya hice con El globo, hoy me  ha tocado revisar La trapecista. Es uno de mis poemas más queridos, y creo que también uno de los que ha gustado más. Así que lo reescribo con un poco de temor, pero necesariamente para incluirlo en el poemario que estoy elaborando.
Lo habría titulado de otra forma para distinguirlos, pero no encuentro un título más adecuado (cuando esté el libro listo lo entenderéis).
Esta es otra trapecista que nada tiene que ver con la primera, excepto en el oficio de artista… Aquella se despegaba de la poeta y viajaba (quizá) a otros brazos. Esta, libre también como aquella, sufre de una terrible soledad, a pesar de la admiración del público (la poeta se disuelve en él), y su libertad paga el precio más alto.
Siento que he enfrentado un tema con el que nunca antes me atreví. Espero haber completado mi propio salto mortal dignamente. ¿Qué me decís? 
Aquí tenéis a la trapecista original, por si quisierais recordarla…
Y esta mi nueva (y trágica) trapecista:


La trapecista

Muy quietos en la arena
aguantábamos la respiración.
Queríamos tocar contigo las estrellas...
Pero tú
apenas nos veías, todo te daba vueltas
y vueltas,

de unos brazos a otros,
pero siempre en el aire,
siempre extraña a la tierra.

Así que un día te balanceaste
cada vez más arriba
cada vez más impulso...

¡triple salto mortal!

sin redes, sin remedio,
completamente tuyo
para siempre jamás.


jueves, 18 de septiembre de 2014

Darse de sí


Esa escena en que la mujer
le dice al hombre
mira, no me cuentes tu vida,
esto es una aventura
(se están vistiendo, fuman el cigarro
de después)
me ha perseguido siempre.
Me alcanza algunas veces, por ejemplo
con alguien que enamora
y también, a menudo,
escribiendo poemas.



De "Tormenta de hielo", Ang Lee
(yo en el papel de Ben Hood, claro)

jueves, 4 de septiembre de 2014

Caperucita en el bosque


Soy muy caperucita
en lo de entretenerme por el bosque.
Y en lo del bosque.
Que hay lobos en el bosque,
sí.
Pero déjame, quiero verlos
aquí,
no en tu jodida fiesta
de disfraces.