De niña me decían
no hay que llorar,
y luego, ya crecida,
hay que llorar.
Y yo, que soy rebelde,
no he querido aprender
ni a llorar ni a dejar
de llorar.
Así que lloro a veces
a la hora de la siesta
o en los días de fiesta.
Y otras veces no lloro
ni muerta
aunque me pille el dedo con la puerta.
Mis lágrimas son mías
mías mías
y de nadie más
y las quiero bien vivas.
domingo, 23 de diciembre de 2012
No hay que llorar, letra
jueves, 20 de diciembre de 2012
domingo, 16 de diciembre de 2012
El globo
Ojalá fuese como soltar un globo
y mirarlo elevarse,
tan ligero, bailando,
un redondel alegre sobre el azul
eterno.
Mira qué hermosa estás.
Y tal vez sea así
ahora que pienso
en el llanto desconsolado,
ya va cogiendo altura,
un punto diminuto
-final-, y el mirarse la mano
y decirle torpe
y no tener qué hacer.
Gracias, Ainhoa
jueves, 8 de noviembre de 2012
Pequeña
Eran de la misma
estatura,
sin embargo, él,
la llamaba
pequeña.
Lo hacía con
cariño, sí,
no cabe duda,
con la misma
pasión
con que al
besarla, tan dulce, dulcemente
elevaba el mentón.
Leí este poemita
delante de unos niños de entre 6 y 12? años. Los más pequeños
rieron cuando les expliqué que iba a hablar de una pareja de
“novios”, y al leer “beso”, ni te cuento. Hablamos de lo que
era levantar el mentón, de la actitud, y de lo que harían si
estuvieran en el lugar de la “pequeña”. Supongo que esperábamos
nuestra respuesta, a pesar de que en su origen, nunca pensé
en este poema (ni en ninguno) como materia educativa. La respuesta
espontánea de una niña fue: “me pondría tacones”.
Y entonces,
aquella palabra se me quedó suspendida, como la inspiración de un
poema: unas palabras con otra dimensión: la otra dimensión de los
tacones.
domingo, 14 de octubre de 2012
Vaivén
Porque vienes
y vas
y yo
vengo y me marcho
bailamos.
Batir de alas
a cada paso.
Porque es quieta
distancia
la de un compás
tú vienes
y te marchas
yo acudo
y me retiro.
Un paso adelante
un paso atrás.
martes, 25 de septiembre de 2012
jueves, 20 de septiembre de 2012
Tú
Ahora estoy
recordando esto:
Me dijiste:
-Esperaba más
curiosidad.
Bajé los ojos,
una vez más
vuelta hacia mí.
Ahora
es la tercera
vez, y canta el gallo.
Pequeña flor
intrépida,
ola inmensa y
sutil,
tú me querías.
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