jueves, 23 de agosto de 2012

Un mail


Durante unos días el viaje hará que desaparezca internet. (De pronto recuerdo un pasado en el que realmente nos íbamos, nos íbamos del todo, y era posible el reencuentro. No hace tanto tiempo y qué distinto era de esta telaraña donde lo imposible se ha vuelto insoportable: estar solo).
Antes de embarcar, abro el correo, y allí, como una nota que se abre lejos de la costa, encuentro tus palabras. Sí, me has escrito. Como si te viera desde cubierta en el último momento, con la sonrisa de las despedidas, que se la juega duro en dar más amor que pena. Ya puedo marcharme.
Tengo los ojos encendidos. Y la calma.
Existen momentos así, sin causas pendientes.


martes, 17 de julio de 2012

Poeta pájaro


Me ves aquí sentada
escribiendo.
Te equivocas.
Hace un instante me posé,
eso es cierto,
pero estoy en las nubes,
que me abrazan llorando,
y en el viento
y en la felicidad de las palabras.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Otro jueguecito

Definitivamente, se me está yendo la olla con estas tonturas.

Retén

El que tiene
detiene
al que no tiene
en cuanto se mueve.




viernes, 13 de abril de 2012

Lapsus

(y sus presuntas causas)

Este, porque me dio pena:
melalcólico.

Este, por pura envidia:
narciartista.

Este, porque estaba harta:
patriarcada.

Y este, por convicción:
la gente no es tanta;

este último, por cierto
(y no pongo la coma)
me encanta.

martes, 20 de marzo de 2012

Un día de marzo, por ejemplo

Durante años han tenido su "hora de la estrella". Cada vez que una caía, y sólo entonces, le alumbraban los focos.

Ahora no hay sitio para ellas entre las cifras, los deportes y el tiempo. No era un lugar seguro.

Construyamos, entonces, con ladrillos (como tantas han hecho siempre).


Nota: "La hora de la estrella" es una novela de Clarice Lispector.

jueves, 1 de marzo de 2012

Va en serio

¿Quieres jugar conmigo?
Sí, ahora,
sí, a nuestros años.
No está todo aprendido,
ni está todo jugado.








domingo, 12 de febrero de 2012