martes, 4 de octubre de 2011

Palabras difíciles

Había una norma que recuerdo, no sé de cuándo ni de quién, para escoger libros de lectura. Debió de ser hace mucho tiempo, cuando los primeros libros de verdad, y la primera consciencia de que no podía leer cualquier cosa.

Era bueno para una aquel libro en el que no conocieses el significado de, al menos, una palabra en cada página. Es decir, era bueno entender casi todo, pero no todo. Eso relacionaba de un modo sencillo la capacidad propia con la dificultad del libro. Una palabra, quizá dos, entendí que nunca muchas más, nunca tantas que lo dejaras por pura frustración o aburrimiento.

Quizá sea algo simple pero lo recuerdo como un buen criterio, al menos hasta tener otros. Me sirvió para lanzarme a libros cada vez mayores, apasionantes, siempre un "un poco" difíciles, a sentirme valiente, a esforzarme, y, como premio, aprendía palabras. Las degustaba, las entendía; muchas veces las olvidaba hasta que reaparecían, y había que probar otra vez, mirar en el diccionario, preguntar, hasta que se hacían propias, y me llevaban a nuevas aventuras, más complejas, más divertidas, deliciosas, y a otras palabras...

Ayer me dijiste que soy difícil, y te pregunto ¿cuánto no entiendes? Y espero que, ojalá, digas que sólo un poco. Y sonreiré pensando que has aceptado el reto.



(Libro, Jasper Johns)

miércoles, 31 de agosto de 2011

Relato de verano

I. Ahora mismo, once de la noche, las ventanas abiertas de par en par: los niños todavía en la calle.
Los blogs que sigo, en su mayoría de vacaciones.
Corte de pelo, la ropa corta, sandalias.
Tirar la basura a diario. Aligerar los armarios.
Dos viajes.

II. El último día en París, volviendo hacia el hotel a recoger mis cosas, tuve tiempo de entrar al cementerio de Montparnasse. Entré solamente por eso. Al lado de la puerta había un cartel con un montón de nombres ordenados alfabéticamente. Decidí echar un vistazo. Sólo porque tenía tiempo, porque caía cerca del hotel.
Marguerite Duras está enterrada allí.
Entonces entré de verdad al cementerio de Montparnasse. Busqué la tumba de Marguerite Duras. Tardé un buen rato pero la encontré. Me quedé mirándola. De modo que murió. Claro que lo sabía. Estaba releyendo "El amante". Vieja amiga.
Robé una flor y la dejé allí encima. Y me fui del cementerio, no quise visitar ninguna otra tumba, como cuando vas de verdad a un cementerio.
Marguerite Duras escribió "que la vida es inmortal mientras se vive, mientras está con vida. (...) Mirad las arenas muertas del desierto, el cuerpo muerto de los niños: la inmortalidad no pasa por ahí, se detiene y los esquiva."
Como cuando vas de verdad a un cementerio, a encontrarte a solas con ese vacío, y luego te vas.
Esa silueta sustraída al universo que ya se difumina, como los dibujos de las nubes o la herida de la luz detrás de los párpados,
por más que los aprietes hasta las lágrimas.


miércoles, 3 de agosto de 2011

viernes, 22 de julio de 2011

Maneras de decir

A causa de un contratiempo he pensado en la palabra contratiempo, que es de las menos metafóricas de las palabras, que es exactamente lo que dice que es, una palabra totalmente sincera, que da la cara, por muy fea que sea: contra el tiempo, contra tu tiempo, aparezco, cambio su curso, tu plan.
No estoy acostumbrada a estas palabras, ya hace mucho que me di cuenta y luego lo leí en un libro muy gordo: que el lenguaje es todo metáfora, y la poesía, ni te cuento.
Pero -también se ha dicho muchas veces- lo que pasa es que para contar con verdad, la mayoría de las veces, no se pueden usar palabras así, tan únicamente descriptivas, como no se puede hablar de amor con un manual de anatomía en la mano (por más que sigan intentándolo en la escuela) ni de justicia con una calculadora, ¿o sí?
Y alguna vez, de esto no hace mucho, alguien tuvo un contratiempo y no acudió a su cita conmigo. Y no sé cuánta verdad había en eso. O, dicho de otro modo, aquel día me quedé a falta de una metáfora, o de dos, de algo que lo explicara todo. O quizá, quizá ya estaba dicha, así, y nada más.

martes, 31 de mayo de 2011

Necesidades básicas

Después de todo, necesito un poema,
es decir, necesito escupirlo,
necesito primero hacerlo
y luego echarlo.
Me he metido demasiado,
es decir, todos esos estímulos,
toda esa velocidad:
hacer hacer hacer
tragar tragar tragar.
Necesito sentarme,
una buena digestión y un buen/mal poema,
después de todo
y antes que nada.


Repito:

Prendar y prender no es lo mismo
ni siquiera se parecen
aunque se confundan.
Vale más pretender...

miércoles, 18 de mayo de 2011