viernes, 17 de septiembre de 2010

El domador

Mi pequeño elefante de la suerte
lanza al cielo su trompa,
las orejas, atrás
y todo el cuerpo,
las patas en cuadrado, firme sobre mi mesa,
de frente, el pequeñajo:
¡sin miedo!, me repite,
arriba,
venga, otra vez, y otra:
ale hop, venga
¡arriba!

lunes, 13 de septiembre de 2010

sábado, 11 de septiembre de 2010

Vivo en la carretera. 2ª temporada.

Y para celebrarlo, ¡sesión doble!

Cap. 1. "Atención" Conduzco con las ventanas bajadas, escuchando un disco en un idioma que no entiendo, bien fuerte. Quiero que el aire me despeine, aire fresco de final del verano, y esos acordes que tocan el corazón.
Y no pensar, porque no me pierdo cuando la mente se va.


Cap. 2. "Señales" Viví en el oeste de la ciudad, luego en el sur, finalmente en el norte. Pasé por el oeste y me acordé. Pasé tantas veces que ya olvidé que me acordé. Pero hoy pasé por el sur y me di cuenta de que hay lugares por los que aún circulan, obligándome a cederles el paso, los recuerdos.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Sí era cierto

Sí, era cierto. Pero después... siguieron siendo ciertos sus actos, su cara. Así que, finalmente, puede que no fueras tú. Es sólo que la vida, como la carretera, cambió de dirección.

jueves, 19 de agosto de 2010

Mala hierba

Pero
a veces,
que son siempre demasiadas veces,
te preguntas ¿si no fuera cierto?

Y, como mala hierba,
vas poniendo caras
sobre su cara, actos
sobre sus actos.

Luego
enfermas, ¿o fue antes?
Te has quedado solo

imaginando

(en) otro mundo.

martes, 27 de julio de 2010

S me envía un poema

Cuando S responde a una invitación como "¿Te veré esta noche?" o "¿Quieres cenar conmigo?" mándandome un mensaje por el móvil en el que dice: Sí!,
sí, ese sencillo signo (!)
me hace ver sus ojos brillar
y ver sus ojos brillar significa...
ya sabéis,
algo que no se puede decir de otro modo, algo que no es ambiguo pero que no se puede expresar sino es con poesía, es decir...
Pero yo no puedo explicarlo mejor,
me quedo con su sí!, lo estáis viendo, ¿verdad?

domingo, 18 de julio de 2010

Niños grandes

Cuando era una niña que escribía poemas, buscaba libros de poesía en las bibliotecas. No tenía ni idea de qué me podría gustar, así que los abría, hojeaba, escogía. Luego los leía en casa. Después de leerlos, copiaba los mejores (para mí) poemas en hojas de papel y los guardaba. Junté unos cuantos, los releía. Luego dejé de hacerlo.

Después he descubierto muchos poetas, he comprado libros, me he deshecho de algunos, es decir, no he vuelto a leerlos. He cogido muchos en bibliotecas.

Ahora, como entonces, sigo buscando. Sólo que además tengo internet y un ordenador con carpetas. Y otra vez me he puesto a copiar poemas, ahora que soy mayor y se supone que no tengo tiempo.